“No hay creencia, aunque sea estúpida, que no reúna a sus fieles seguidores, los cuales la defenderán hasta la muerte”.
Esta frase del poderoso intelectual Isaac Asimov me servirá a modo de defensa sobre la idea que pretendo compartir.
Para entender esto mejor es importante primeramente saber qué es el pin parental. Muy indiferentes deben ser aquellos que no lo sepan aún, pero, si es tu caso, tranquilo, que lo comento rápido. El pin parental es una medida llevada a cabo por el partido político VOX, los cuales argumentan:
«Se trata de una solicitud que va dirigida a los directores de los centros educativos en los que estudian nuestros hijos, con tal instancia solicitamos a la dirección que nos informe previamente, a través de una AUTORIZACIÓN EXPRESA sobre cualquier materia, charla, taller o actividad que afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas o sobre la sexualidad, que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad de nuestros hijos».
En resumen, es algo así como: Señor director, avíseme cuando haya clases orientadas al conocimiento sobre sexo, drogas o ideologías religiosas/sociales, para saber si quiero que mi hijo vaya o no, ya que esas charlas pueden inducir a mi hijo a consumir drogas o a hacerse gay.
Es increíble, e incluso gracioso, ver como hay personas que creen en el «avance sin avance», es como ver a alguien intentando encender una linterna sin pilas. Y es que los padres que creen en esta medida, consideran que el colegio/instituto, como entidad, va a transmitir a sus hijos, ideas progresistas que permitan el progreso de la sociedad, y que a su vez se alejen de pensamientos machistas, racistas o xenófobos. ¡Qué locura, eh!
¿Sabrán estas personas que existe algo llamado PGA (Programación General Anual) donde se recogen todos los contenidos que un centro escolar va a impartir durante un año académico? Imagino que no. Pero es curioso, han matriculado a su hijo en un colegio, sin saber que contenidos trata dicho colegio. Pero luego, quieren saber durante el curso qué es lo que su hijo va a dar en las aulas. ¿Qué irónico, no?
Pero espera, porque también es importante saber que en Murcia, dicha medida está implantada, y como era de esperar, no le ha sido indiferente a nadie.
Diego Reina, profesor del IES Alfonso X El Sabio de Murcia, organizó una charla sobre arte como actividad complementaria para dos cursos de tercero de la ESO y para la que se ha «negado explícitamente» a solicitar permiso a los padres (charla que para colmo, ya estaba programada a principio de curso), argumentando que pidió permiso a los alumnos, los cuales eran los verdaderos partícipes de esta acción.
La charla fue dada por Pedro Alberto Cruz, ex consejero de Cultura del PP, el cual argumenta que este tipo de medidas hace retroceder a la Educación, y qué además: «Está negando la libertad de los alumnos».
A todo esto, el presidente de Murcia, Fernando Lópes Miras, declaró en un programa de Antena 3 que, «cuando algo que no tiene nada que ver con un maestro entra en un colegio, creo que los padres tienen derecho a saberlo». Otro que no sabe lo que es una PGA. Pero además me fascina la idea de que la educación en valores no tiene nada que ver con los profes. ¿Habré vivido engañado toda mi vida?
Por supuesto que los padres deben de saber qué es lo que se les enseña a sus hijos, pero es que para ello (ya sé que lo he dicho diez veces) está la PGA, y en el caso de no estar, estoy seguro de que se avisara a los padres de ello. Pero no se puede impedir que la educación pública siga su curso, ya que es la que realmente educa en valores sociales, haciendo que la sociedad avance. Si quieres que tus hijos tengan una ideología conservadora y asemejada a la tuya, ya sabes al tipo de colegios debes de alistarlo…
Por todo ello, no podemos permitir que destruyan la educación pública, con los valores que desprende y pretende transmitir, para que los futuros ciudadanos de un país sean libres y conscientes de los problemas que sufre la sociedad actual, así como desarrollar en ellos capacidades para que intenten solucionarlos.
Para finalizar este artículo de opinión tan minimalista y aficionado, me gustaría recordar una famosa frase (que utilicé mucho en bachillerato) de Víctor Hugo que dice: «La primera justicia es la conciencia».